[instrucciones: unir numerales. Ej: -ya no se trata: 1 De..., sino 1 de...]
Todo esto sobrepasa toda lógica de la razón humana, porque -ya no se trata:
"El amor te libera y la libertad te capacita a amar más..."
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| Se agacha, a su altura, a su nivel |
| “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza… Y creo Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó”(Gn 1, 26-27) |
Nos encontramos en tiempo pascual, es decir, el período litúrgico que va desde el domingo que celebramos la resurrección de nuestro Señor Jesucristo hasta la Ascensión a los cielos (40 días después) y el domingo de Pentecostés (10 días después de la Ascensión).
Jesús ¡Verdaderamente resucitó!, porque como dice San Pablo “Y si Cristo no resucitó, vana sería nuestra fe” (1 Cor 15, 17).
Lo que para unos es el mito de la tumba vacía, se convierte para nosotros en el signo incontrovertido de la fidelidad de Dios Padre, quien resucita a su hijo.
Y esta fe pasa por la sangre de los primeros cristianos que ante la pregunta de si eran cristianos, prefieren morir en el nombre de su fe en Jesucristo antes que mostrar en su semblante cualquier signo de duda. ¿Cuántas personas hoy, estarían dispuestos a creer, con todas las consecuencias que eso conlleva? Sólo quien ha vivido la prueba objetiva de la fe, de su indubitable convencimiento en la resurrección de Jesucristo, puede decir Amén.
Por eso hoy en día somos más de un billón novecientos cuarenta y tres mil treinta y ocho millones de cristianos en el mundo (1,943,038,000). Porque nuestra fe se fundamenta no en una suposición, sino en un acontecimiento, en donde el evangelio no nos dice como fue sino que sucedió.
En dónde estamos nosotros, como Tomás que dice: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré” (Jn 20, 19-31), o en el grupo de los segundos cuando Jesús dice a Tomás: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”, ¿Somos de los que le pedimos al Señor pruebas para creer? Porque como dice en la Carta a los Hebreos 11, 1: “fe es la certeza de lo que se espera: la prueba de las realidades que no se ven”, no seamos como los murciélagos y las lechuzas, que sólo ven el cielo de noche y como si pretendieran disputar el cielo a plena luz del día, contra la águilas, que miran al sol sin pestañar [1].
Por eso“se cree en el señor resucitado, y el señor resucitado se aparece a aquel que cree”.
[1] Analogía utilizada por San Anselmo de Catenbury.
Cuando una persona se acerca a Jesús de Nazaret (sea por fe, admiración, simple curiosidad e incluso por antipatía), se termina haciendo una pregunta ¿Qué tiene ese hombre para ser considerado Dios mismo? ¿Qué tiene que quien se acerca a él, aún cuando no termine proclamando la fe en su divinidad, termina por tenerle en cuenta como referente de humanidad y de comportamiento ético?
La respuesta tiene que ver con el contenido de su predicación: Dios. O mejor dicho el plan de Dios para la humanidad. En términos de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) estamos hablando del Reino de Dios (de los cielos según el autor).
El Reino de Dios, como categoría religiosa, nos conduce a la memoria y a la praxis de la intención que habita en el corazón de Dios, por ello decimos que la predicación de Jesús no es otra cosa que relanzar el por qué y para qué de nuestra creación.
El evangelio de Juan que hemos escuchado este IV domingo de cuaresma esta, de alguna manera, en sintonía con lo que hemos dicho. Dos frases importantes nos hablan del plan de Dios desde la vida de Jesús:
· Todo el que crea en él tendrá por él vida eterna (vv. 15)
· No envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él (vv. 17)
Fuimos creados para la vida, eso significa que atender y acercarnos a Jesús implica un compromiso real con la VIDA, no solo la nuestra sino la de cualquier ser humano que viva en condiciones que no ameriten llamar a su existencia vida digna (entiéndase pobreza, sufrimiento, exclusión, violencia, etc.).
También significa que, aceptar ser parte del relanzamiento del plan de Dios, exige de nosotros aprender a ver el mundo con otros ojos. Otra forma de mirar es posible desde el mensaje del Evangelio. Una mirada compasiva, misericordiosa, que posibilite la transformación del mundo, porque éste -con sus gozos y esperanzas, tristezas y angustias (GS 1), bajezas y grandezas- es expresión de una creación que gime y espera (Rom 8, 18-23) alcanzar la Vida que le ha sido prometida. Porque la expectación de un mundo diferente hace que la condena no sea el eje del plan de Dios, el eje del plan de Dios es y será siempre la salvación.
Sólo queda una pregunta: Nuestra conversión cuaresmal ¿nos está llevando por un camino de compromiso con la Vida y con otra forma de mirar y actuar o seguimos quedando sin descubrir que apuntarse al relanzamiento del plan de Dios exige un compromiso real y transformador con lo humano, con el mundo?
Fray Mario Torres, op.
fraymariotorresop@gmail.com

LA MUERTE DE JESÚS DE NAZARET
Por: Christian González
Recuerdo ahora, cómo con muy buen pulso, solo propio de eruditos, el Profesor Louis Rougier, formula la epítome de la cultura occidental: Logos Griego, Lex Romana y Verbo Cristiano. Esas son las partes del todo de nuestra cosmovisión. Vemos pues que hay sucesos del archi-pretérito que nos marcan. Y uno de ellos es la vida y muerte de Jesús. Se constituye en un hito. Esto para el creyente bueno, para el ingenuamente fervoroso o para el irreligioso, porque incluso este último lleva el impacto de la vida y muerte del Nazareno de forma arquetípica y abigarrada en su ser. Pero concentrémonos en su muerte, no porque su vida no sea relevante sino por que amerita mayor espacio del que ahora podemos concederle. Acerca de la muerte se mueve en boca de muchos una divergencia que sitúa a los conflictuados en dos bandos: los que piensan que Jesús murió por nuestros pecados y quienes piensan que se le mató en razón de su lucha por el hombre y por motivos políticos. Lo anterior es hacer una mixtura confusa de los elementos teológicos e históricos de su muerte. Esto porque puede sostenerse desde el análisis histórico que lo mataron por motivos políticos y desde la fe que murió por nuestros pecados, sin existir contradicción alguna.
Pero entremos en la hondura del análisis histórico, ¿por qué matan a Jesús?
Jesús inicia su ministerio cuando frisaba en la edad de los treinta y dos o treinta y tres años; y lo que al principio es el deleite de todos, es visto luego como las pretensiones de un advenedizo por su férrea crítica contra el sistema social. En su predicación hay algo nuclear: igualdad ante Dios, acercarse al reino de Dios, conocer a Abba, no entronizar lo cultual ni cambiarlo por el poder de Dios, no oprimir al desvalido, débil, pobre, y obedecer a Dios más que extenderle sacrificios. Así verbigracia, veamos algunos ataques a la cultura, que son más bien intercambios de reticencias donde se develan criticas más severas: En Lucas 13, 10-17, Jesús sana el sábado, y el príncipe de la sinagoga manifiesta su desacuerdo, a lo cual Jesús contesta: “Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatarla de esta ligadura en día sábado? En Mateo 15, 1-21, en que los fariseos inquieren a Jesús porque sus discípulos no se lavan las manos cuando comen pan y este viene y los confronta diciendo que ellos violan el mandamiento de Dios por su tradición, y les llama hipócritas, enseñando que “no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; mas lo que sale de la boca es lo que contamina al hombre”. En Marcos 2:15, en que Jesús come a la mesa de publicanos y pecadores, y al ser abordado por los fariseos, Jesús contesta: “los sanos no tienen necesidad de médico, mas lo que tienen mal.” Y la lista es exhaustiva en los cuatro evangelios, pero si damos un brinco histórico necesariamente debemos pasar por el incidente del templo, que sea quizás lo que recrudece la sufrida relación entre Jesús y los guardianes de la tradición. En el atrio de los gentiles, Jesús derriba las mesas de los cambistas y expulsa a los vendedores de palomas y ovejas según el relato de Mateo 11,15-19. En esta parte Jesús no está manifestando su desdén por el comercio en el templo, pues lo que derriba, es lo que permitía la realización del culto: palomas, ovejas y monedas para la ofrenda. Está más bien manifestando que el sistema cultual que Dios quiere no es el que impera con esto, siendo que hablamos de una sociedad teocrática, está haciendo una severa crítica al sistema político-religioso, que evidentemente pone en tela de juicio el actuar del gobernante, y guía espiritual. Está además relativizando el sistema semítico de pureza. El templo es el centro de la vida social, y en esa estructura piramidal no cabe intentar modificar el “status quo”: charlatanería les parece a los sacerdotes propalar una igualdad, readecuar el sistema de pureza, atenuar la importancia del ritual y de la ley. Este Jesús, revolucionario, por su influencia, y habilidad dialéctica, es un peligro, porque descubre, indaga y deconstruye y es más conveniente su muerte que la de todos nosotros; nos debilita frente a Roma. Jesús hasta esta línea ya está siendo imprecado en la mente de los sacerdotes, que comienzan a idear un plan para matarlo, porque sus opciones son o modificar el sistema cultual o silenciar la crítica corrosiva y sus duros corazones los llevan a escoger la primera opción. Encuentran ocasión con Judas; así soslayan el hecho que se la pasaban “nocte dieque incubando” el modo de desaparecer a este “falso profeta” que se dice blasfemamente se dice ser “el camino, la verdad y la vida” y “la fotografía del padre” a quien llama Abba.
Pero en el culmen del encrespamiento de la autoridad religiosa está el actuar de Jesús cuando ya aprehendido, frente a Poncio Pilato, no niega las acusaciones ni las afirma, y Pilato busca soltarlo, sin tregua. Piden su muerte en cruz, y éste se lava las manos. El maestro no ha querido defenderse, no ha querido sacudirse la muerte que es inminente. Hay dos probables artículos de la ley que se adujeron para su condenación Dt 18,8-20 y Dt 13,6 que en su parte conducente dice “pero si un profeta tiene la presunción de decir en mi nombre una palabra que yo no he mandado decir y habla en nombre de otros dioses, este profeta morirá.” Así si p entonces q: si Jesús dijo palabras que no venían de la boca de Dios, entonces debe morir. La cuestión está zanjada. Si las dijo. Blasfemó. Caifás condena. Y por eso matan a Jesús.
Y ahora, nos queda en el tintero, la cuestión de la fe ¿Cómo se interpreta su muerte, ayer y hoy?
En el nuevo testamento la muerte de Cristo es concebida como un plan eterno, en el que Dios se propuso redimir al hombre, rescatarlo con su sangre preciosa. La muerte de Cristo es concebida como: 1.- Un rescate; lo cual significa hacer al hombre libre de la esclavitud mediante el pago del precio. (Pretio magno). Por medio de la sangre de Cristo el hombre obtiene redención, perdón de sus pecados. 2.- Expiación; en la sangre de Cristo el pecado es condenado y expiado lo cual hace posible el tener una relación amistosa entre Dios y el hombre. 3.- Reconciliación; Dios reconcilia a la raza humana consigo mismo y no a sí mismo con la raza humana. 4.- Substitución; Cristo muere para que el hombre pueda morir al pecado y vivir a la justicia, para que pueda acercarse a Dios y para que pueda ser justicia de Dios.
Se entiende que por Adán entró el pecado al mundo. Ese pecado, que nosotros llamamos original, cortó la comunicación con Dios, y esa ausencia de gracia, nos hizo a todos concupiscentes, con tendencia al pecado. Entonces Cristo, el nuevo Adán, trajo salvación. Nos libró para poder hacer el bien a todos. Como lo indica 1 de Pedro 3:18 "Cristo mismo sufrió la muerte por nuestros pecados, una vez para siempre".
“Se simbolizó el fin de todos los sacrificios por el pecado cuando Jesús murió en la cruz. No solamente dijo "consumado es" (Jn. 19:30), sino también el velo entre el Lugar Santo y el Santísimo Lugar en el único templo judío se partió desde arriba hasta abajo (Mt. 27:51 Mr. 15:36; Lc. 23:45)”. En lugar de moralidad legal, Jesús revela la forma de amar, de honrar, en hechos. Además, como fruto de la cruz, se derrama a la humanidad el espíritu santo.
Jesús se hace hombre, y aquí hay una consideración importante, pues para entender quien es Dios, es necesario que lo divino se haga humano, y no que lo humano trate de ascender, y entonces Dios expresa todo su amor hacia la humanidad en Jesús, diciendo que el hombre es mucho para él, y que a pesar de pasar dificultades, vicisitudes, persecución y cruenta prueba, se puede permanecer fiel a Dios, se puede vivir en comunión con él. Así, él tenía esperanza de que Dios lo iba a resucitar. Entonces Jesús, aunque puede decirse que no estrictamente en la cruz, sino con sus hechos y palabras que lo llevaron a eso nos regala salvación. Es un camino de pedagogía divina para el hombre. Nos enseña a vivir, su amor, su carácter no esclavizador. Así pues, Dios nos llama a ser como Jesús (alter Christus, ipse Christus)
Isaías 53, 1-12 es muy revelador para nuestra fe; “ciertamente llevó el nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Para más información puede consultarse: Rougier Louis. El Genio de Occidente. Unión Editorial Segunda Edición. Guatemala. 1971.
Para más información puede consultarse: http://www.sedos.org/spanish/ellacuria.htm
Para más información ver: Folleto ¿Quién fue Jesús de Nazaret? Vida y Obra. Facultad de Teología. Universidad Rafael Landívar. Interciclo 2008.
Se pone en boca de Jesús, las palabras de Jeremías al provocar la barahúnda del templo. Jeremías dice: vosotros matáis, robáis, adulteráis, oprimís al pobre y venís a la casa de Yahvé diciendo: ¡viva Yahvé que habita aquí!, ¡somos el pueblo elegido!, y convertís de hecho la casa de Yahvé en cueva de bandidos.
Información Disponible en: http://www.ccjesucristo.net/estudiospdf/LA%20MUERTE%20DE%20CRISTO.pdf
Información Disponible en: http://www.sanadoctrinaonline.org/Book%201/SDMTECRI.htm
Es importante ver la excomunión como un medio de misericordia, como una especie de castigo medicinal que finalmente su objeto y finalidad no es castigar, sino es un medio de último recurso que busca llevar al pecador, que al verse privado de la comunión con la iglesia, para recibir los sacramentos y participar de manera activa en la Iglesia, lo lleva a darse cuenta de su carencia y por lo tanto busca llevarlo a una reflexión profunda del hecho deplorable que ha cometido, buscando su arrepentimiento y en última instancia la salvación de su alma. Es importante recalcar que es el pecador y no la iglesia quien rompe con la comunión.¿La excomunión es lo mismo que la condenación eterna?
No. La excomunión ciertamente pone en peligro mortal al alma del excomulgado, pero en realidad, la excomunión tiene un sentido de misericordia. Es una forma en que la Iglesia hace ver al fiel cristiano la gravedad del delito que ha cometido, tan grave que al cometerlo se ha excluido de la comunidad eclesial. Pero la excomunión no es irreparable, si el fiel cristiano toma conciencia de la gravedad del delito, se arrepiente, da muestras sinceras de este arrepentimiento y pide volver al seno de la Iglesia, el Obispo del lugar le puede levantar la excomunión y la persona pude volver a ser recibida en la comunión de la Iglesia.