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5 de enero de 2009

No te dejes vencer por el mal,antes bien,vence al mal con el bien


  • A continuación quiero compartir un tema que me ha tenido sumido a la reflexión por un largo tiempo y es que sin darme cuenta me he visto envuelto en esta dinámica en mi accionar personal. Lo que más me sorprende de este axioma es que a mi parecer es la forma de actuar más absurda e irracional que puede presentarse en una clase de ética y es que un actuar dirigido en este sentido y de tal magnitud solo puede entenderse a la luz de un valor supremamente más grande, que no pueda entenderse y por lo tanto, pueda resultar absurdo. Por ello la frase “el corazón tiene razones que ni la misma razón entiende”, no es una máxima que pueda ensenarse en una clase de ética, pareciera más una clase bonita de religión o un cuento bonito del amor, y es que trataré de contraponer dicha formulación con otra que dice así: “el amor tiene un orden, comienza por uno mismo”, son estos dos, el primero, un convencimiento pleno producto de mis experiencias y de mi propio vivir, y la segunda un imperativo categórico o un regla de vida que tomo muy enserio, y de cómo estos no son contradictorios o antitéticos en la vida del hombre integro.


    Hoy en día es común verse en vuelto en una discusión en el ámbito familiar, laboral o en cualquier ambiente de temas polémicos como la pena de muerte, el aborto, eutanasia o temas políticos sobre la limpieza social, la corrupción, las malas decisiones o decisiones cortoplacistas de los gobiernos de turno, que en fin siguen sumiendo a los países del tercer mundo en el subdesarrollo. No pretendo con estas breves digresiones aportar soluciones concretas sino ahondar un poco en lo que a mi parecer es la forma correcta y puede ser la respuesta del ser humano hoy en día para vencer a esa fuerza que parece cernirse sobre la humanidad, en las sociedades y estados, que se manifiesta de formas diversas y cada día mas numerosas, el mal. Evidentemente son fuerzas malas que van diezmando la vida, dignidad y la propia subsistencia y felicidad del ser humano.


    En un país como Guatemala en donde impera una cultura de violencia que explaya cada vez más profunda y extensamente sus raíces, parece un absurdo ese eufemismo evangélico de poner la otra mejilla, tan bonito que se lee en la biblia y no lo he escuchado mas que para hacer una broma o causar una sonrisa entre los amigos, y es que aquí es donde aparentemente se contrapone con el amor que debe tener uno a si mismo, a nuestra propia dignidad como personas, porque quién está dispuesto a que lo pisoteen, que lo “basureen”, todo por poner en alto ese ideal y como estandarte ese ideal de poner la otra mejilla. Y mi pregunta mas bien iría dirigida a si el otro ideal de vida que propone nuestra sociedad guatemalteca como lo es el de si te pegan en una mejilla, dale una patada en el…, porque evidentemente eso es lo que proponemos cuando defendemos posturas como, “ que se maten entre ellos”, “que bueno que los mataron, seguro eran mareros”, “vos defendete”, en donde siempre se exalta las postura del orgullo, del mas cabrón o jodido, queriendo en definitiva vencer el mal (buen fin), a fuerza de mal, que necesariamente genera más violencia, y que con esto no se me quiera tachar como alguien que proponga como estado la ausencia de justicia o como aquel que confunde la caridad con la justicia. Pero es esta “justicia”, entendía de esta manera, como la que devuelve mal por mal, por el hecho de que la persona quien viola primero el precepto que buscaba proteger determinado valor, por ejemplo, la vida, ya no merece que se le protega sino más bien, se basa en el deseo de que reciba un poco de su propia medicina. Lo que quizás no quiero discutir es lo muy racional (y véase que no es lo mismo que razonable), que esto pueda parecernos, o de lo que esto se oye sino más bien de las consecuencias que esto genera, la violencia que se combate con más violencia genera más violencia y la única manera de vencer el mal no es con pistolas ni palos sino es precisamente poniendo la otra mejilla, asi de ridículo se oye, pero es la máxima de la libertad, no hacer lo que a los ojos de los otros es lo correcto o lo que parece lo más lógico o natural, o la reacción que parece las más normal y por lo tanto la más justificable, es decir si me pegan, pego, si me patean, pateo, “ojo por ojo, diente por diente”, así de sencillo, simple y por lo tanto racional, una falacia muy lógica, pero basado en una premisa equivocada por una mala comprensión antropológica del ser humano, y que poco humano y deshumanizante puede llegar a ser, lo humano no es lo animal o lo instintivo, precisamente porque tenemos corazón nos movemos en un plano, en otra dimensión de trascendencia y alteridad. En mi propia experiencia puedo decir que regalar una sonrisa a cambio de un insulto, el perdón por una patada y dos empujones, un “Dios te bendiga de corazón” por tres vituperios y otras palabras ofensivas, es el mayor regalo que como ser humano puedes dar y actos que mayores dosis y cuotas de libertad he podido vivir. Vencer al mal por el bien es la única forma de erradicar esa fuerza impetuosa que va diezmando y minando la libertad del hombre, la violencia esclaviza tanto al que la recibe y no perdona, esclaviza por su sed de venganza, asi como también, a aquel que la infringe, esclavo de sus resentimientos, incapaz de donarse a si mismo, sin amor propio, que busca destruir su vida y la de lo demás porque no se valora en si mismo y por lo tanto a la vida y libertad de los demás. Pero aquella persona que logra amarse de tal manera que no pueda sentirse humillado ni pisoteado por nadie, por el solo hecho de reconocerse como un ser humano amado por un ser supremo, movido por sus ideales de cambiar la sociedad y que además responde a todo aquello que sea hostil y contrario al amor por medio de amor, es congruente, simplemente porque no puede salir otra actitud de un ser que en esencia se encuentra impregnado y empapado de amor, algo contrario a ello, sino más bien repele aquello que cree contrario a su esencia con su esencia, amor, “Ama y haz lo que quieras”, decía el Águila de Hipona, San Agustín, y si esta norma estuviese consagrada en la Constitución, sería el principio de legalidad de todo ciudadano, libertad de acción, “El ciudadano puede hacer todo aquello que el corazón le permita”. Puedo decir que poner la otra mejilla es la experiencia más gratificante que puede darte el amor, el amor que proviene desde arriba o muy dentro de ti, el amor que te libera, el amor que es más poderoso y silencioso que todo el mal, que es ruidoso y aparatoso, que se nos presenta día a día, es por ello que decidí poner como fin y principio de esta reflexión, las palabras de San Pablo a los Romanos: “No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien”.


    Porque no se extingue el fuego con fuego, que solo alimentará su llama, sino con el agua que apacigua las brazas que arden y que poco a poco va lavando las cenizas hasta no dejar más que heridas cicatrizadas por la frescura de las moléculas apacibles del H2O.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buena nota, y totalemente deacuerdo. Sin embargo es una de las cosas mas dificiles de hacer. Se requiere demsiada entereza,amor propio y por los demas, y mucha empatia y comprension para lograrlo. Se requiere aceptar, queno podemos pretender ser jueces, y que no tenemos laminima idea de lo que acontece en el corazon de quienes nos rodean.... y como dice un viejo y famosisimo proverbio chino... amame cuando menos lo merezca, por que es cuando mas lo necesito... muy buena nota!

Conferencia - Crisis de la razón

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